El Reclamo del Pueblo Pataxó

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Los Indios del Brasil tiene una historia de masacre, violación y expropiación, desde comienzos de su colonización por parte de los portugueses, y con la finalidad la finalidad de expropiar sus tierras, ellos fueron vejados una y mil veces, hoy, 500 años después, el denigrante ultraje al derecho de estos seres humanos continua.

En el corto video a continuación, ustedes escucharan de la voz de tres indígenas Pataxos, el sentir de un pueblo expropiado del hogar que su madre tierra les lego, su reclamo, valido por el más íntimo de todos los derechos humanos, creemos debe ser escuchado por cada persona consciente de este planeta, pues ellos reclaman nuestra ayuda.

El reclamo del Pueblo Pataxó, surge desde el año 1960, año en que el gobierno Brasilero, los expropia violentamente de sus tierras naturales, para fundar la reserva del “Parque Nacional del Monte Pascoal”, el pueblo tuvo que migrar en pos de conservar la vida, pero ellos prometieron volver por su hogar. Una década después, la parte de “Sul da Bahía” del Monte Pataxó, es invadida por la multinacional maderera Brasil-Holland, y sembrada de Eucaliptos.

El pueblo Pataxó, como es natural, reclama su tierra, es la herencia de su Madre Tierra, porque ellos, con la cosmovisión que comparten con todos los indígenas del mundo, piensan en la tierra, en la Madre naturaleza, como un ser vivo, “Nuestra Madre está enferma…”, afirman, observando la devastación provocada por las inmensas plantaciones de eucalipto, contaminando ríos, desecando los suelos y las fuentes de agua, lo que afecta la calidad del agua potable y provoca el exterminio de la biodiversidad vegetal y animal de la zona.

“Sanar” ese territorio, costara como mínimo 20 años, en los que tendrán que sacar los arboles de eucalipto, plantar la vegetación natural, y claro, cuidar de esa tierra, pero eso no les molesta a los Pataxós, porque es a su Madre quienes ellos van a cuidar. En el año 2011, los Pataxós presentaron una demanda al Gobierno Brasilero, pidiendo se le restituyan y se delineen sus tierras nativas.

En la actualidad, el pedido sigue siendo evadido, lo único que consiguieron, fue aumentar la reacción de los latifundistas, y siguen siendo masacrados, violados y expropiados.

No hay nada indigno en las lágrimas de un hombre cuando describe su impotencia por la injusticia y por el hambre de su pueblo, así como tampoco es indigno acudir en su ayuda.