Río Iguazú: Una catástrofe ecológica perfecta

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En Junio de 2014, ocurrió la mayor crecida jamás registrada en el Río Iguazú, el cual se encuentra en el límite entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná. A pesar de parecer un fenómeno natural, las verdaderas causas de este hecho están asociadas a una serie de factores humanos que incluyen los efectos del cambio climático global, la deforestación casi completa de la cuenca, el represamiento total del río y tal vez la causa principal, fue el reventón de una mega-represa que actualmente se construye sobre ese río, en Brasil, muy cerca de la frontera con Argentina. El PMC exige el cuidado de las fuentes hídricas en todo el mundo e invita a todos sus lectores a denunciar hechos como estos, en los que la avaricia humana terminan por afectar irremediablemente los ecosistemas acuáticos.

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Los impactos ambientales negativos de las represas, especialmente las de gran magnitud que se localizan en zonas tropicales, son de una variedad y dimensión muy importantes. Incluyen la alteración del paisaje, de los regímenes de los ríos, la desaparición de la ictiofauna y la fauna ribereña, y la pérdida de la cobertura vegetal, (que en el caso de los bosques, pueden contaminar el agua con la materia en putrefacción, si los árboles no son cortados y retirados en su totalidad antes de llenar los embalses). También se incrementa la proliferación de enfermedades, cuyos vectores se desarrollan en ambientes lénticos (mosquitos, caracoles, parásitos, coliformes, etc.), este impacto es particularmente evidente en las represas de las regiones tropicales, que al estar estancadas o fluir lentamente, son propensas a eutroficarse.

En cuanto a los aspectos sociales, se pierden tierras de cultivo o ganadería, se produce el éxodo forzoso de la población (que a su vez desata crisis psicológicas en las personas, grupos familiares y comunidades), los puestos de trabajo que se generan en la etapa de construcción y rápidamente se evidencia una crisis ocupacional y social, por las perdidas de áreas agropecuarias que deja mucha gente sin trabajo. Se pierden importantes atractivos turísticos, recordar por ejemplo que con el llenado de la represa Itaipú desaparecieron definitivamente las cataratas Sete Quedas o Guairá, sobre el Río Paraná; y actualmente el proyecto de la gran represa Garabí, sobre el Río Uruguay, podría inundar los Saltos del Moconá y la Reserva de la Biósfera Yabotí.

El Río Iguazú actualmente tiene enormes represas hidroeléctricas en casi todo su recorrido, las más grandes en total son 6, la primera se inauguró en 1975 y la última aún no está construida y se planea inaugurar en dos años. Hay otras represas menores ubicadas en los afluentes y en las cabeceras de cuenca. Actualmente el régimen del río (y por ende, el caudal de las Cataratas) depende de las aperturas o cierre de las represas, más que de los factores naturales, por lo tanto las represas representan el factor responsable principal, tanto en las crecidas como en las bajantes (ver foto anterior).

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Aguas abajo, la crecida del Río Iguazú provocó desbordes en las áreas ribereñas del Río Paraná correspondientes a la provincia de Misiones, se anegaron rutas y quedaron pueblos incomunicados y miles de habitantes aislados. El color de las aguas revela la importante pérdida del suelo producto de la deforestación en la alta cuenca. Foto: primeraedicionweb.com.ar

La deforestación y la consecuente pérdida del suelo

La cuenca del Río Iguazú antiguamente estaba tapizada por una espesa cobertura vegetal, predominantemente arbórea, denominada Selva Paranaense o Mata Atlántica. Desde tiempos coloniales comenzó la deforestación, de manera muy acelerada, especialmente en territorio brasileño, donde prácticamente ha desaparecido y sólo quedan muy pocas masas compactas en los escasos parques nacionales existentes y porciones pequeñas y aisladas en algunos sectores elevados, carentes al día de hoy de valor ecológico alguno, mas que el de representar muestras de lo que fueran antiguamente las enormes selvas que cubrían la región. Esta deforestación, si bien viene de antaño, en la actualidad se ha agravado, debido a que se han introducido (como ocurrió en toda Sudamérica en los últimos tiempos), los agronegocios de tipo latifundista, que de apoco van eliminando los remanentes que quedan de la selva entre los campos, antiguamente destinados a una agricultura de menor escala. Por el calendario de cosecha de la soja, la época posterior a levantarse la misma, en que el suelo está desnudo, coincide con el de máximas lluvias, de acuerdo al clima del sur de Brasil, con lo cual el suelo se vuelve con más razón, muy vulnerable a la erosión.

Cabe mencionar que actualmente el gobierno federal de Brasil, así como el estadual de Paraná (estado al que pertenece la mayor parte de la región), a instancias del empesariado que nuclea a los pooles de siembra y las corporaciones transnacionales que comercializan semillas transgénicas y agrotóxicos, están empecinados en eliminar esos escasos remanentes de bosques tropicales que aún quedan, para ello proyectan licitar y autorizar la tala de esas masas boscosas relictuales, liberando de esta manera el suelo para optimizar el rendimiento de la soja.

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La eliminación casi total de la selva paranaense ha llevado un siglo, el sector más grande del territorio de esta ecorregión corresponde a Brasil, sin embargo en este país, practicamente toda la cobertura vegetal ha sido eliminada, quedando unicamente remanentes en áreas naturales protegidas. Cuadro tomado de elparanaense.com.ar

La eliminación sistemática lisa y llana de esta abundante cobertura vegetal no es gratis: la foresta antiguamente retenía las abundantes precipitaciones que normalmente se registran en la zona (entre 2.000 y 3.000 milímetros anuales), haciendo las veces de esponja que retiene y dosifica lentamente el escurrimiento del agua. Su eliminación implica que el suelo, que en ese medio natural es frágil, queda expuesto a un severo proceso erosivo (especialmente en la época de máximas precipitaciones que resulta coincidente con el levantamiento de las cosechas), comienzando con el golpeteo de la lluvia en el suelo desnudo y siguiendo con el intenso escurrimiento, que se acelera al no haber árboles nativos que retengan el agua u obstaculicen el drenaje, y por lo tanto, con la conformación de correntadas, sumada a la propia ausencia de árboles que lo retengan, el suelo es rápidamente lavado.

La principal prueba de esto es la coloración turbia del agua, que con las crecidas se vuelve barrosa y de una tonalidad rojiza, que es la coloración que tiene la tierra en esa región. Así, sin cobertura vegetal y con fuertes pendientes en las cabeceras, las aguas baja raudas y cargadas con miles de millones de toneladas de sedimentos provenientes de la tierra fértil lavada en la cuenca superior, que termina depositada primero en el fondo de las represas, y luego por el Río Paraná, llega hasta el mismo lecho marino del Océano Atlántico, a través del Río de la Plata.

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La imagen de Google Earth con contraste resaltado, correspondiente a abril de 2013, muestra de manera concreta la deforestación en la cuenca del Río Iguazú, que nace cerca de la Ciudad de Curitiba (derecha) y desemboca en el Paraná, pasando las Cataratas del Iguazú (izquierda). Las áreas más oscuras corresponden a los relictos de Selva Paranaense que aún se conservan en estado natural, que básicamente son los parques nacionales y otras áreas naturales protegidas. El área más clara que ocupa casi toda la mitad izquierda de la imagen, corresponde a la zona que está cultivada con soja a gran escala y coincide con la cuenca media del río que es donde se ubican las represas. La provincia de Misiones, en general, aún conserva un alto grado de cobertura de bosques nativos.

Las represas

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Los impactos ambientales negativos de las represas, especialmente las de gran magnitud que se localizan en zonas tropicales, son de una variedad y dimensión muy importantes. Incluyen la alteración del paisaje, de los regímenes de los ríos, la desaparición de la ictiofauna y la fauna ribereña, y la pérdida de la cobertura vegetal, (que en el caso de los bosques, pueden contaminar el agua con la materia en putrefacción, si los árboles no son cortados y retirados en su totalidad antes de llenar los embalses). También se incrementa la proliferación de enfermedades, cuyos vectores se desarrollan en ambientes lénticos (mosquitos, caracoles, parásitos, coliformes, etc.), este impacto es particularmente evidente en las represas de las regiones tropicales, que al estar estancadas o fluir lentamente, son propensas a eutroficarse.

 

En cuanto a los aspectos sociales, se pierden tierras de cultivo o ganadería, se produce el éxodo forzoso de la población (que a su vez desata crisis psicológicas en las personas, grupos familiares y comunidades), los puestos de trabajo que se generan en la etapa de construcción y rápidamente se evidencia una crisis ocupacional y social, por las perdidas de áreas agropecuarias que deja mucha gente sin trabajo. Se pierden importantes atractivos turísticos, recordar por ejemplo que con el llenado de la represa Itaipú desaparecieron definitivamente las cataratas Sete Quedas o Guairá, sobre el Río Paraná; y actualmente el proyecto de la gran represa Garabí, sobre el Río Uruguay, podría inundar los Saltos del Moconá y la Reserva de la Biósfera Yabotí.

El Río Iguazú actualmente tiene enormes represas hidroeléctricas en casi todo su recorrido, las más grandes en total son 6, la primera se inauguró en 1975 y la última aún no está construida y se planea inaugurar en dos años. Hay otras represas menores ubicadas en los afluentes y en las cabeceras de cuenca. Actualmente el régimen del río (y por ende, el caudal de las Cataratas) depende de las aperturas o cierre de las represas, más que de los factores naturales, por lo tanto las represas representan el factor responsable principal, tanto en las crecidas como en las bajantes (ver foto anterior).

Las represas principales son estas (ordenadas por su ubicación de arriba a bajo):

………………… Represa Cota máxima Dimensiones presa Superficie Embalse Potencia instalada Año inicio
Altura Largo
1. Foz de Areia 774 msnm 160 m 828 m 16.700 has 1.676 MW 1980
2. Salto Segredo 607 msnm 145m 745 m 8.200 has 1.260 MW 1992
3. Salto Santiago 495 msnm 80 m 1.400 m 20.800 has 1.420 MW 1980
4. Salto Osorio 415 msnm 56 m 750 m 5.100 has 1.078 MW 1975
5. Salto Caxias 335 msnm 67 m 1.083 m 13.100 has 1.240 MW 1999
6. Baixo Iguaçú* 3.160 has 350 MW 2016

* Actualmente en construcción.

 

Para darse una idea de la magnitud de las dimensiones de las centrales breasileras. En Argentina, la Represa de El Chocón tiene una potencia de 1.200 MW, Yaciretá 3.100 MW y los Nihuiles (en Mendoza), en conjunto no llegan a 300 MW.

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En el croquis se observan las megarrepresas del Río Iguazú que inundan 600 kilómetros de valle, desde la ciudad brasilera de Porto Uniao, hasta el Parque Nacional Iguazú. El croquis es una captura tomada de Google Maps. Los números indican la ubicación de las represas en el orden en que están listadas en el cuadro precedente.

La última de estas represas, actualmente se encuentra en construcción, está ubicada a pocos kilómetros de la frontera con Argentina, en el punto donde el Río Iguazú ingresa al Parque Nacional homónimo, en su porción correspondiente al territorio brasilero. Aprovechará un tramo que le queda sin represar del curso medio del río, significando esto sacarle el último «jugo» al relativamente pequeño remanente del mismo que aún queda sin intervenir. El muro de contención se localizará algunos kilómetros aguas arriba del punto donde el mismo pasa a ser un río compartido con Argentina y protegido dentro de los Parques Nacionales de Iguazú. El proyecto (como todas estas grandes mega-construcciones que se realizan sin licencia social), ha tenido numerosas oposiciones y manifestaciones de rechazo por parte de diversos sectores populares, incluso es rechazada en los ámbitos oficiales de la provincia de Misiones, especialmente porque se está realizando sin la correspondiente consulta por el uso de un recurso compartido entre dos países. También en Brasil hay un fuerte rechazo por esta mega-obra, debido a los riesgos ambientales que presenta y la falta de garantías a la población.

La totalidad de las represas mencionadas están encadenadas, o sea, donde se localiza una presa está la cota máxima del embalse de la siguiente y así sucesivamente, con lo cual, actualmente el Río Iguazú ha desaparecido como tal en más de la mitad de su recorrido (casi todo su curso medio), convirtiéndose en una sucesión de lagos encadenados.

La superficie total de los embalses en conjunto cubre más o menos el equivalente a los lagos de los parques nacionales nor-patagónicos de Argentina, con la diferencia que su forma es lineal-serpenteante, de acuerdo a la conformación del valle medio del antiguo Río Iguazú. La sucesión de embalses encadenados miden en total aproximadamente 600 kilómetros de largo.

 

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Una postal de la devastación humana: las grandes represas que inundan extensiones de suelo en áreas tropicales, destruyen los bosques, generan decantación de los sedimentos transportados por los ríos, quitándoles nutrientes al agua; y dan lugar a la eutroficación y proliferación de plagas y enfermedades propias de ambientes lénticos implantados en regiones tropicales (malaria, dengue, etc). Foto: Embalse Foz de Areia, tomada de panoramio.com

El comportamiento de las represas ante las crecidas del Río Iguazú

Las represas del Río Iguazú deben abrir sí o sí las compuertas ante cualquier crecida, ya que, normalmente, para optimizar su producción de energía eléctrica, trabajan con los embalses muy cerca de su cota máxima. Como este río no tiene demasiada pendiente, la fuerza generadora de estas centrales hidroeléctricas se basa en la enorme presión del volumen de agua contenido en los embalses, por ende, mientras más llenos estén, mejor operan las centrales hidroeléctricas

Esto quiere decir que esas represas, a pesar de tener un gran tamaño, no sirven para retener las crecientes, sino que por el contrario, revisten un grave peligro ante situaciones extremas; ya que por un lado, la absorción natural de sus ambientes ribereños fue reemplazado por el pelo de agua; y por el otro, presentan el peligro de que, al estar todas encadenadas entre sí, o sea que los vertederos de los embalses dan a la cota máxima de la siguiente de manera sucesiva, cuando se abren las compuertas de una, automáticamente se llena la otra.

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Las mega-represas construidas sobre el Río Iguazú en territorio brasileño, son realmente gigantescas, en este caso la presa Salto Caxias, localizada a 90 kilómetros de las Cataratas del Iguazú, el vertedero de ésta cae sobre lña cota máxima del futuro Embalse Baixo Iguaçú.

Se debe mencionar que además de las represas construidas por el hombre, hay un dique natural sobre el río: el borde de las Cataratas del Iguazú actúa como una suerte de embalse natural que regula el caudal del río y el tramo que atraviesa los parques nacionales, con poca pendiente y bastante zigzagueante, morigerando en parte las crecidas y disminuyendo la velocidad de escurrimiento del agua. Durante la crecida, este embalse natural fue fundamental para evitar una catástrofe mayor aguas abajo.

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El dique natural formado por el borde rocoso desde el cual se precipitan las cataratas, contribuye a regular naturalmente el caudal del Río Iguazú, disminuyendo los efectos de las crecientes aguas abajo y lentificando el escurrimiento aguas arriba, sin producir estancamiento. Su efecto regulador natural es mucho más eficiente que el de cualquier represa artificial, ya que las Cataratas no están obligadas a abrir o cerrar las conpuertas… (foto: Raúl Puentes).

El reventón de Baixo Iguaçú

Como las represas estaban operando al máximo, poco es lo que pudieron retener luego de las lluvias que son típicas de esta época del año. Las empresas operadoras de las represas habrían intentado retener al máximo y hasta último momento la crecida, sin embargo no calcularon la magnitud de las precipitaciones que ya estaban previstas y llegó un punto en que tuvieron que abrir simultáneamente las compuertas de todas las represas, con lo cual, se agravó el efecto de lacrecida que en principio querían evitar.

Aguas debajo de la última represa, que es Salto Caxias, está en construcción la represa Baixo Iguaçú, donde actualmente hay un enorme terraplén de material no consolidado, construido temporalmente para desviar el cauce del río. Con la creciente, este terraplén se llenó y desbordó de golpe, con lo cual fueron arrasadas las obras de la represa y la creciente luego fue rauda río abajo, provocando un gran daño a instalaciones, medio natural y personas; y llegando luego a las Cataratas del Iguazú.

Qué puede pasar aguas abajo?

La enorme cracida ya se está traduciendo en una inundación desde Puerto Iguazú, donde las instalaciones costeras quedaron virtualmente sumergidas bajo la inundación. Como el caudal va directamente al Río Paraná, es de esperar, primero que llegue a Yaciretá; esta mega-represa tampoco ha sido diseñada para soportar una crecida excepcional, co fenómenos mucho menores debio abrir todas sus compuertas, así es que se descarta que ocurra lo mismo, además debe recordarse que en el pasado se detectaron fallas en los muros de contención, esperemos que esta vez no hayan inconvenientes en relación a eso. Recordemos que ya antes de este aluvión, el Río Paraná estaba registrando caudales altos, por lo que esta creciente se deberá sumar a la menos que ya se venía dando.

Aguas abajo por el Paraná, se deberá evacuar de manera inmediata a la población y la ganadería de la parte baja del valle medio, todas las zonas inundables de la ribera, las islas y el delta. Al cierre de esta nota, en algunos sectores de Santa Fe y Entre Ríos eso ya estaba sucediendo.

Reflexiones finales

La crecida récord que ha registrado el Río Iguazú se debe al reventón de la represa Baxio Iguaçú, a su vez provocado por la deforestación de la totalidad de su cuenca, la proliferación de monocultivos transgénicos y el represamiento de gran parte de su curso, el cual prácticamentre ha desaparecido como río. No es por las lluvias, ya que estas a pesar de haber sido abundantes, no fueron excepcionales. Todos los años se registran grandes crecidas en este río, pero nunca se vio algo de tal magnitud.

Desde ya, la población ribereña sufrió las graves consecuencias, no así los empresarios capitalistas que llevan adelante esta mega-obra que fue arrasada. En territorio brasileño ya hay varios muertos, cientos de evacuados, miles de minifundistas afectados, pero los empresarios ya dijeron que esto es sólo “un contratiempo” para sus planes devastadores y que la obra se demorará unos meses, pero seguirá adelante.

Seguramente en los próximos días veremos las consecuencias a lo largo del curso del Río Paraná (del cual el Iguazú es afluente), de tanta deforestación en gran parte de la cuenca aguas arriba y de la impericia para controlar este desastre. Miente aquel funcionario o empresario que atribuya esta crecida (que ya es récord en el Iguazú, y lo será seguramente en el Paraná), a lluvias excepcionales, pues los registros meteorológicos y la toma de datos demuestran que no lo son.

Cabe preguntarse, hablando en términos monetarios (no ecosistémicos), si los empresarios de agronegocios y pooles de siembra indemnizarán a todos los damnificados aguas abajo. Y si los millones de toneladas de suelos erosionados en pocos días y que pronto sedimentarán en el río de la Plata y se perderán en el mar, entran en su contabilidad empresaria. O si, como suelen hacer, estas perdidas irreparables para el ambiente y la sociedad, serán consideradas por ellos y los gobiernos, meras “externalidades”.

Se debe tener en cuenta que ante el error humano que provocó esta crecida, sería deseable que el gobierno de la República Argentina le reclame a su par de Brasil por los daños provocados, ya que la magnitud de los mismos podría haberse evitado o mitigado.

Además, también sería deseable que los funcionarios argentinos y brasileros piensen más en los intereses genuinos de la sociedad que les toca gobernar, en sus necesidades y en sus derechos y no, que después, cuando todo pase, en vez de estudiar el tema para que no vuelva a pasar, el político-puntero vaya a pedir votos al inundado, como devolución a haber sido asistido durante la catástrofe, ya que la catastrofe es consecuencia directa del desinterés por las cuestiones ambientales y la negligencia explícita en las omisiones o el accionar de esos mismos señores. Obviamente desinterés y negligencia íntimamente vinculados a los negocios involucrados en las enormes obras de infraestructura (a las que son fanáticos los funcionarios de turno) que se llevan a cabo sin un correcto estudio de impacto ambiental y sin analizar alternativas más amigables con el ambiente; así como los planes de desarrollo que incluyen monocultivos transgénicos que borran todo vestigio del maravilloso entorno natural que alguna vez hubo en esa extensa región.

Fuente original:

Ecoportal.net

http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/Rio_Iguazu_Una_catastrofe_ecologica_perfecta