La Unión Europea expulsa los transgénicos de su territorio

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En la actualidad, la siembra y cosecha de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en el mundo se sustenta principalmente, en el beneficio económico de no tener que usar pesticidas y herbicidas, pues estos sembríos son supuestamente resistentes a las plagas que los castigan.

Bajo este argumento, Estados Unidos, Argentina, Brasil, India, Canadá y China reúnen el 90% de estos sembradíos en el mundo, la mayoría de ellos dedicados a la soja para forrajes de animales, que posteriormente serán usados para los mercados de consumo de carnes y anexos. En la UE (parte del 10% restante), solo hay autorizados para la siembra 9 variedades de maíz genéticamente modificado, productos de la empresa Monsanto (y una variedad en espera de autorización).

Maíz variedad MON 810 de monsanto, genéticamente modificado

Maíz variedad MON 810 de monsanto, genéticamente modificado

La UE tiene una de las legislaciones más duras del mundo en cuanto a la siembra y al consumo de OGMs, estas normas asumieron un interesante cambio en enero de 2015 (normas que entraron en vigor en abril de este año), con la ley que los medios dieron a conocer como la ley “opt-out” (opción de no o exclusión), la que les permite a los países componentes de la UE la posibilidad de excluir de su territorio la siembra de OGMs.

La ley en cuestión, un relativo relajo de las normas de la UE en cuanto a los OGMs, pretendía hacer de estos cultivos más viables económicamente, pero la respuesta inmediata a esta posibilidad abierta comenzó, 4 meses después de que la nueva ley entrara en vigor, cuando en el mes de agosto Letonia y Grecia inician una oleada verde de países que acogidos a esta ley, optaron por prohibir la siembra de OGMs en su territorio.

Francia no confía en el uso de OGMs

Francia no confía en el uso de OGMs

En el mes de setiembre Irlanda del Norte, Francia y Lituania toman la misma opción, mientras que Austria e Italia gestionan su solicitud de exclusión, y Escocia y Alemania, hacen pública su intención de seguir el mismo camino, así mismo se espera que Bulgaria, Hungría, Luxemburgo y Polonia actúen de la misma manera, debido a su manifiesta preferencia de prohibir los cultivos de OGMs en su territorio.

A este punto, sólo quedan España, Portugal, Eslovaquia y la Republica Checa (de los cuales solo España tiene cultivos de importancia), para considerar la UE libre de cultivos transgénicos. La decisión que estos países toman, como cabe esperar, no es arbitraria, en abril del pasado año se supo que la variedad de maíz MON 810, diseñada genéticamente para rechazar la plaga de la oruga taladro de maíz (Ostrinia nubilalis), falló estrepitosamente, creando una variedad de oruga resistente a las toxinas liberadas por la planta, que se dieron un festín, en la provincia de Aragón, España.

No es difícil para una persona de a pie comprender los peligros de los OGMs, por ejemplo en la contaminación genética por polinización, la polinización es imposible de parar, en América, solo entre EEUU, Brasil y Argentina reúnen el 77% de las extensiones de tierra sembradas con OGMs en el mundo, no es difícil para cualquier americano comprender el peligro al que es expuesto, cuando por polinización, diferentes especies compatibles, mutan forzadamente, mutaciones que de una u otra manera, pero indefectiblemente llegarán a nuestro organismo, e indefectiblemente alterarán el delicado medio ambiente que nos rodea y sustenta.

Irlanda prefiere una imagen limpia y verde de su país

Irlanda prefiere una imagen limpia y verde de su país

En la evolución natural de una especie, lo que la naturaleza hace durante milenios es producto de la interacción de millones de variables de un sistema estable que conocemos como naturaleza, no se puede con el manejo de unas cuantas de estas variables pretender conocer y predecir todos los efectos de un Organismo Genéticamente Modificado (OGM), se puede definir mejor esta acción, como una apuesta perdida, incluso antes de plantearla.

Lo inconcebible es que la apuesta la hacen grandes intereses financieros bajo marcos legales de comercialización ajenos por completo a los intereses de la humanidad, y lo que apuestan claro está, es nuestra propia vida y la de los demás seres vivos que comparten nuestro entorno.

La inconciencia perfectamente legalizada, contrariamente a lo establecido, no es aceptable, en cuanto hay intereses superiores que deben prevalecer, el derecho a nuestra propia supervivencia y al respeto por esa supervivencia, por ejemplo.

El Pacto Mundial Consciente defiende tales derechos y saluda la decisión tomada por estos países, porque cualquier pequeño paso en aquella dirección, es un gran paso debido a la importancia que le atañe y al nivel de ignorancia de la que nos aleja, en un asunto que no requiere más que el uso del simple y sencillo sentido común de cualquier ciudadano del mundo.