Mi Madre tiene fiebre

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Por Juan Sebastian García*

Mi madre tierra, tiene fiebre y se calienta cada día más, cambiando las condiciones naturales de los territorios que son semillas de la humanidad, cambiando los estados anímicos de las entidades vivientes, causando conflictos internos y externos, alucinación y muerte, “Nuestra madre está enferma” es lo que afirma Dwasena Lwntana, un miembro de la cultura internacional Naturagente, que nació en la sierra nevada de Santa Marta como miembro de los pueblos ancestrales Wiwa y Koggi.

La pregunta que nos asalta a los que desconocemos la situación es ¿Qué es exactamente lo que está enfermando a nuestra Madre Tierra?

El calentamiento global y el cambio climático son dos hechos evidentes que están poniendo en riesgo la convivencia armónica de todas las especies de vida de este globo, casos tan graves como la sequía en California que pone en riesgo el 80% del agua del estado, siendo la sequía más grande de los últimos 1000 años, según el experto y analista Glen MacDonald; el caso de Sao Paulo donde la represa de Alcantareira que abastece a más de 6.5 millones de personas se ha reducido al 3.2% de su capacidad, llevando a un racionamiento inminente de agua por más de 20 días para el 60% de la población; o el caso de Colombia donde en Casanare miles de vacas, chigüiros, tortugas y babillas murieron a manos de la sequía que acabó con más de 250.000 hectáreas de verdes sabanas colmadas de agua. Estos son algunos de los miles de acontecimientos que evidencian que el camino actual que la humanidad transita es un callejón sin salida.

¿Qué estamos haciendo mal?

Es popular hablar de la emisión de gases tóxicos para la capa de ozono, de la explotación minera o de la pésima administración de los recursos naturales por parte del gobierno cuando se trata de buscar un culpable, pero ¿serán estos los verdaderos causantes de esta terrible situación? ¿Qué tal si desviamos la mirada hacia el espejo para ver que tal vez somos nosotros quienes estamos causando esta problemática?

Todas aquellas compañías y organizaciones que corrompen la naturaleza generando cambios nocivos para el medio ambiente están siendo subvencionados por nuestro trabajo y nuestras familias a través de nuestro consumo. Por ejemplo, la industria ganadera y las multinacionales distribuidoras de carne para el consumo humano generan una quinta parte de los gases invernadero, según el Observatorio de Salud y Medioambiente DKV que nos revela que estos producen 6.700 kg de CO2 anuales, mientras que empresas que producen alimentos vegetarianos apenas alcanzan los 190 kg , lo que supone un impacto 35 veces mayor por parte de la industria ganadera.

Igualmente, el estudio de la FAO y la ONU del 2007 a cargo del premio Nobel de la Paz y ex presidente del IPCC (el grupo internacional de expertos sobre cambio climático) Rajendrak Pachauri, recomienda cambiar los hábitos alimenticios con más urgencia que los hábitos de transporte. Sacar la carne del plato, por lo menos una vez a la semana, es el método más efectivo contra el calentamiento global.

Esta conclusión a la que llegaron tan importantes organizaciones nos demuestra que nosotros somos los verdaderos responsables y al mismo tiempo la potencial solución es evidente: si cada kilo de carne que consumimos genera la pérdida de 16.000 litros de agua potable y la ausencia de 36 kg de granos, así como más de 80 enfermedades que en la mayoría de los casos no tienen cura, tal vez (y solo tal vez), nuestro movimiento de resistencia tiene que cambiar su foco de atención y sacar las piedras y las marchas de su definición para incluir el control de los sentidos y el consumo consciente como un verdadero movimiento de resistencia.

Hoy me resisto a obedecer el sistema y obedezco la ley de origen de nuestra Madre Tierra… la vida y su orden natural.

* Juan Sebastian García, 25, productor y director de cine independiente, hace parte de la red internacional del Pacto Mundial Consciente trabajando en 7 países diferentes como coordinador local de eventos y alianzas con organizaciones.