Salvemos el Guatapuri

Por: Krisna Vasquez Cadena

Salvemos el Guatapurí. El imponente sistema montañoso litoral más alto del planeta en la costa atlántica de Colombia, con 5775 m.s.n.m, La Sierra Nevada de Santa Marta, da vida a un tesoro de impetuosa corriente y sonido: este es el río Guatapurí que desciende por un cañón de grandiosos flancos para nutrir al departamento del Cesar. Su cuerpo de 85km de longitud nace en la laguna Curigüa ubicada a 4400 metros de altura; su nombre significa “agua fría” en la lengua de los chimila, y es una de las 36 extensiones hidrográficas que descienden de aquel territorio sagrado el cual se declaró patrimonio de la humanidad y reserva de la Bioesfera por la UNESCO en el año 1979

Este valioso ecosistema es el hogar de cuatro comunidades autóctonas que aun residen allí: los Kogui, Wiwa, Arhuacos y Kankuamo, y está ubicado dentro de las márgenes de dos Parques Nacionales Naturales Colombianos: Parque Sierra Nevada de Santa Marta y Parque Tayrona.

En el año de 1969, debido a la fuerte necesidad de agua en la región, dada por la mala planeación territorial y el uso desmedido de este recurso, pese a que Colombia cuenta con una de las ofertas hídricas más ricas del planeta, tres veces la oferta hídrica de Sudamérica y seis veces la oferta del promedio mundial, esta reserva sagrada que corresponde a la cuenca del rio Guatapurí, fue estudiada por primera vez para el desarrollo del proyecto de riego Valledupar que buscaba represar al rio para abastecer de forma continua al acueducto de la ciudad e incorporar 10.000 hectáreas de tierra a la producción agropecuaria intensiva, entre otros objetivos.

Con el pasar de los años, el proyecto invasivo para esta gran reserva natural ha tomado mayor fuerza. Hoy, tiene por nombre “Embalse multipropósito Los Besotes“, pretende una extensión de 169 hectáreas de tierra, una capacidad en volumen de 37,1 millones de metros cúbicos, y un costo 370 mil millones de pesos (los que corresponde a 130 millones de dólares aproximadamente)

Para su ejecución se detonarían 2.500 kilos del explosivo “indugel” sobre los valles de los arroyos Palenque y Capitanejo, afluentes del río, ocasionando un violento impacto ecológico que afectaría muchas especies del ecosistema por las altas vibraciones sonoras sobre el sitio de detonación y la explosión misma, como sucedió en la construcción de la represa “El Cercado” sobre el Rio Ranchería en el año 2007.

De esta forma se pretende desviar el caudal del rio, lo cual ya sucede de forma ilegal y está ocasionando pérdida de cobertura natural que se traduce en erosión de suelos, sedimentación y contaminación de fuentes hidrográficas y pérdida de biodiversidad en el territorio; modificando el uso del suelo debido al desarrollo agropecuario intensivo, afectando la disponibilidad de agua, alterando su equilibro por la saturación de abonos y plaguicidas para los cultivos y por la crianza de ganado, dando como resultado tierras muertas;

Si este proyecto se lleva a cabo sólo podremos esperar desastres ecológicos como ocurre tras la intervención humana a la Naturaleza, tal como fue en el río Ranchería donde se encontraron miles de peces muertos entre Bocachicos, besotes, barbudos y dorados que se ahogaron en la parte baja del río debido a la desviación del caudal, mientras que otros quedaron ciegos por presencia de sustancias químicas (en 2008)

Además, una terrible consecuencia de estas intervenciones es sin duda el debilitamiento de las comunidades ancestrales y de la cultura, intensificándose la sobre explotación de los suelos en la parte alta del río, debido a la concentración poblacional, la ocupación de zonas protectoras de aguas por expansión urbanística irregular, deficiencias de tratamiento de aguas residuales urbana y área recreativa, dificultades de gobernanza del territorio, y uso irracional del caudal del río Guatapurí. Es así como viene sucediendo en casos similares vecinos a la Sierra Nevada.

Este territorio de soberanía ancestral resguarda un ecosistema maravilloso fuente de equilibrio y riqueza ambiental que debe ser protegido y ayudado.

Será realmente necesario acabar con la fuete de vida que este el río para abastecer de agua la ciudad de Valledupar, en lugar de buscar otras medidas como el ahorro de agua? Según el estudio de la Comisión Reguladora de Agua (CRA) realizado en 21 ciudades, publicado el 4 de enero de 2010, afirma que Valledupar está entre las ciudades que más derrochan agua, el informe indica que en la capital del Cesar el consumo por habitante equivale a 24.600 litros cuando el promedio para tierra caliente es de 17.500, lo que deja ver, según el informe, el alto porcentaje de agua que se derrocha en esta ciudad.

Tomar medidas en contra del afluente para fomentar el crecimiento económico y supuestamente promover el empleo en la región, es contrario al progreso y a una solución puesto que lo principal es el rio y su reserva, sin este líquido vital no habrá población que sobreviva.

Sin cuidar este ecosistema, el calentamiento global afectará los picos de la Sierra Nevada que son la fuente principal de vida para el río, haciendo que desaparezca incluso para abastecer al “Embalse multi propósito los Besotes”.

¿Así que, para qué deseamos un embalse sin agua cuando lo realmente valioso es el Río mismo al que se está maltratando?

La Reserva sagrada Del Río Guatapurí así como sus alrededores deben ser zonas protegidas de todo proyecto adverso a su preservación. El resultado del progreso de un pueblo debe ser lo que traiga vida y no aquello que pueda generar muerte.

Salvemos el Guatapurí